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Tierra del Fuego: Ordenamiento Territorial, Urbanismo y Arquitectura

Este capítulo aborda el ordenamiento territorial, el urbanismo y la arquitectura que surgió en Tierra del Fuego con los aborígenes selknam que ocuparon la Isla desde hace más de 10.000 años; con la fundación del puerto de Porvenir y la construcción de los cascos de las estancias ovejeras desde fines del siglo XIX; con la edificación de asentamientos e infraestructura industrial para la explotación de hidrocarburos desde mediados del siglo XX; con la Senda de Penetración Vicuña-Yendegaia iniciada a fines del siglo XX; y con nuevos emprendimientos en la zona sur de la Isla ya en este siglo XXI.

Desde hace 110 siglos, la temprana presencia del ser humano en la Isla ha cargado el territorio de huellas y formas, acumuladas, borradas y sobreimpresas en un espacio físico que condensa y dota de sentido a los procesos de ocupación aborigen y económica, los que se superponen a modo de estratos activados en contigüidad y superposición como en un palimpsesto (2) sobre los paisajes en Tierra del Fuego, resultando un conjunto integrado de apropiación del territorio, en el cual coexisten los diversos vestigios de las ocupaciones, más tangibles unos, más intangibles los otros, que se expresan bajo la forma de escritos, cartografías, imágenes, restos arqueológicos, asentamientos humanos, formas de la arquitectura.

Tierra del Fuego fue durante cerca de ciento diez siglos la patria de los aborígenes conocidos como onas o selknam, un pueblo de individuos físicamente muy bien conformados que con el tiempo desarrolló una adaptación extraordinaria a sus duras características geográficas y ambientales. (3) El guanaco, animal esencial en su economía, les brindaba carne para su alimento y pieles para su vestimenta, los usos artesanales y la cubierta de sus chozas. Estas se basaron en una estructura de ligeras varas como base de una construcción resistente a los fuertes vientos, que se completaba con varas más robustas, si las había a mano, forradas exteriormente con pieles, cortezas y ramas. Se ordenamiento territorial se basó en los haruwen. (4)

En este contexto natural y cultural se originó la colonización económica, a fines del siglo XIX, de la cual derivó en buena parte el actual ordenamiento territorial de Tierra del Fuego. Ese ordenamiento se fue produciendo de manera sucesiva, avanzando en complejidad en torno a las principales actividades productivas de la colonización, las que fueron imponiendo al territorio una nueva subdivisión, funcional a la instalación de empresas ganaderas e industrias extractivas, la circulación de productos, bienes y servicios y la construcción de asentamientos humanos.

Los principales emprendimientos fueron la minería aurífera, la ganadería ovina, la extracción de hidrocarburos, los que resultaron consolidados con la fundación del puerto de Porvenir, la creación de numerosas estancias ovejeras, entre ellas Caleta Josefina, Springhill, Cameron, y la edificación de diversos campamentos petroleros, entre ellos Cerro Sombrero. A estos emprendimientos se agregó la construcción de una infraestructura de caminos, eficaz al funcionamiento conjunto del territorio, que fue creciendo con el tiempo en dimensión y complejidad para unir las distintas estancias con Porvenir y, más adelante, como soporte de la industria petrolera.

Este capítulo será publicado en toda su extensión por Ediciones ARQ en el libro “Tierra del Fuego. Historia, arquitectura y territorio” (septiembre 2013).
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1) Eugenio Garcés Feliú egarcesf@uc.cl es Doctor Arquitecto y Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
2) Corboz, André: El territorio como palimpsesto.
3) Los selknam tenían una adaptación metabólica con temperaturas corporales superior en un grado a la nuestra y una estatura promedio de 1,80 m.
4) Los haruwen recogían una estructura social y territorial, de origen remoto, basada en los grupos familiares.

Escrito por: admin 12-21-12

La ocupación de Tierra del Fuego

La ocupación del territorio de Tierra del Fuego se vincula en primer lugar con la ocupación aborigen, la que se remonta según los restos culturales fechados (entre 10.600 y 10.130 años A. P.) y se prolonga hasta fines del siglo XIX, cuando se inició la penetración colonizadora foránea. Ésta se extiende hasta hoy en día, según distintas formas de ocupación: la de los buscadores de oro (1881); la colonización pastoril (1885-1913); el latifundio ganadero y la subdivisión progresiva de los campos de pastoreo (1913-1958); la explotación de hidrocarburos (desde 1945 en adelante); y, actualmente, la explotación forestal, la pesquería, la industria y el turismo.

Los estudios arqueológicos más recientes (2), sitúan la presencia humana en la Magallania, esto es en la gran región meridional americana desde aproximadamente los 50° de latitud hacia el sur, se remonta al décimo milenio antes de nuestra era. Las evidencias culturales encontradas dan cuenta del arribo al territorio de cazadores-recolectores genéricamente denominados “paleoindios”. Estos, organizados al parecer en bandas de algunas decenas de individuos, conformaban la avanzada meridional de la corriente pobladora que había penetrado en el continente americano a través del istmo de Beringia, quizá entre 20.000 y 30.000 años antes, y que a lo largo de ese extenso lapso había ido conquistando territorios en un proceso continuado de adaptación a los diferentes ambientes que se fue conociendo.

Poseedores de una cultura material elemental pero suficiente para su desarrollo vital, habían sabido y sabían usar de la misma con la mayor eficiencia y eficacia para fines cinegéticos y por tanto alimentarios, y para la satisfacción de necesidades de cobijo y abrigo, requerimientos ambos considerados como los esenciales para su existencia y la sobrevivencia de la especie.

De acuerdo con la hipótesis de marcha que planteamos años atrás (Martinic, 1992), los paleoindios se habían venido desplazando hacia el meridión en la medida que las circunstancias ambientales en progresivo mejoramiento iban creando las condiciones favorables para la vida de plantas y animales y, por ende, para los humanos. El gran fenómeno glaciario del Cuaternario había venido perdiendo vigor desde miles de años y por tanto su expresión visible que era la cobertura gélida que recedía constantemente liberando territorios en un contexto climático caracterizado por la elevación de la temperatura.

Así, lenta pero progresivamente, las especies vegetales habían ido ocupando o reocupando espacios. Su desarrollo evolutivo había ido permitiendo el asentamiento, o reasentamiento en algunos casos, de especies animales diversas y, al fin, del hombre con el que se cerraba la gran cadena alimentaria de la naturaleza.

Este capítulo será publicado en toda su extensión por Ediciones ARQ en el libro “Tierra del Fuego. Historia, arquitectura y territorio” (septiembre 2013).

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1) Mateo Martinic mateo.martinic@umag.cl es un historiador que aborda la historia regional. Es Profesor Emérito de la Universidad de Magallanes, fue galardonado en el año 2000, con el Premio Nacional de Historia. Asimismo, en 2006 obtuvo el Premio Bicentenario, otorgado por la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile, la Universidad de Chile y la Comisión Bicentenario del Gobierno de Chile.
2) Entre otros, Hugo Nami (1987) Cueva del Medio: perspectivas arqueológicas para la Patagonia austral.  Ans. Inst. Pat.,  Cs. Hs., vol 17, Punta Arenas; Junius B. Bird (1988) Travels and Archaeology in Southern Chile, University of Iowa Presss; Alfredo Prieto (1991) Cazadores tempranos y tardíos en la Cueva 1 del Lago Sofía.  Ans. Inst. Pat., Cs. Hs. Vol. 20, Punta Arenas; Luis A. Borrero (2001) El Poblamiento de la Patagonia.  Emecé Editores, Buenos Aires; y Mauricio Massone (2003) Los antiguios cazadores del Fuego.  En Culturas Tradicionales Patagonia.  12 Miradas sobre Selknam, Yaganes Y Kawesqar.  Carolina Odone y Peter Mason editores, Santiago.

Escrito por: admin 12-21-12

Tierra del Fuego, un paisaje cultural extremo

Tierra del Fuego es un genuino paisaje extremo, tanto por las formas antrópicas que han modificado su territorio, como por su imaginario, magnitud, posición, clima o geología. Quizás resulte suficiente con desplegar un mapa e imaginar un viaje a este sur del Sur. Cuesta reconocer como tierra firme el extremo más austral del continente, ese conjunto de manchas tan irregulares de ocres y blancos en las cumbres, recortadas caprichosamente por el mar. Y al sur, separado de cuajo por la impresionante herida del Estrecho de Magallanes, todo son islas, aunque algunas tan grandes y espectaculares como Tierra del Fuego.

La geografía se nos muestra aquí en estado puro y todo nos remite al concepto de un paisaje extremo: la idea de vastedad, de pisar el confín de un continente que se ha roto en pequeños fragmentos, de estar en un territorio de frontera. Incluso en verano el viento es gélido y Tierra del Fuego puede alcanzar temperaturas muy bajas, mostrar cambios continuos, de fuertes vientos a calma total, o de un sol espléndido a aguaceros intempestivos. Uno se pregunta cómo se las apañaban las tribus de los sélknam, a los que vemos sobre un manto de nieve, vestidos apenas con artísticas pinturas en las bellas fotografías de Martín Gusinde.

La singularidad del clima; la rotunda belleza de la geografía; la lejanía y aislamiento al sur oriente de la tierra firme; la condición de último territorio poblado de forma permanente; la vastedad de las perspectivas y la enorme longitud de las sombras; la atracción que ejerció sobre tantos viajeros de allende los mares, que siglos atrás querían descubrir esta tierra incógnita, cerrar el recorrido alrededor del mundo o alcanzar este sur lejano y mítico desde capitales lejanas; las singulares condiciones de vida y la historia de tantos establecimientos fracasados; (2) la práctica desaparición de los vestigios de sucesivas culturas que lo enriquecieron; el enorme esfuerzo de tantos cartógrafos (traducido en miles de bellos grabados) y de estudiosos como Darwin, (3) Agostini, (4) Martín Gusinde, (5) autores de documentos extraordinarios; la percepción de inmensidad, de vacío…; todo nos remite a la imagen de un paisaje extremo, de hecho un paisaje cultural extremo.

En tantas ocasiones se identifica paisaje cultural con las categorías utilizadas por Unesco o por National Park Service, como si este concepto se hubiera acuñado a finales del siglo XIX. Pero quizás ni siquiera le convenga a Tierra del Fuego una nominación universal. Sus vestigios difícilmente perceptibles; su valor como territorio escasamente hollado, una de las últimas fronteras; la belleza del vacío y del silencio, que a su vez supone una notable fragilidad; las condiciones climáticas y geográficas tan singulares; la atracción mágica que ha ejercido sobre viajeros y aventureros de todos los tiempos; su aislamiento y baja densidad poblacional, constituyen motivos más que suficientes para reclamar el reconocimiento a su extraordinario valor e interés como paisaje cultural extremo.

Este escrito será publicado en toda su extensión por Ediciones ARQ en el libro “Tierra del Fuego. Historia, arquitectura y territorio” (septiembre 2013).

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1) Joaquín Sabaté joaquin.sabate@upc.edu es Doctor Arquitecto, Economista y Catedrático de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña.
2) Nombre de Jesús y Rey Don Felipe fueron dos malogrados establecimientos fundados por Pedro Sarmiento de Gamboa. Al respecto, ver su libro: Viajes al Estrecho de Magallanes 1579–1584.
3) Darwin, Charles: Darwin en Chile
4) De Agostini, Alberto: Treinta años en Tierra del Fuego
5) Gusinde, Martín: Los indios de la Tierra del Fuego

Escrito por: admin 12-21-12

Paisajes culturales extremos en los confines del mundo habitado

El encuadre territorial de Tierra del Fuego está ligado a la valoración de sus atributos desde una aproximación cultural y natural, en una dimensión espacial que reconoce fronteras territoriales y geográficas no sujetas a límites administrativos, en las cuales y como parte sustancial de su realidad multidimensional queda incluido el Estrecho de Magallanes, así como las islas directamente al sur del Canal Beagle, ya que definen una realidad específica de Tierra del Fuego como un archipiélago vasto y complejo en cuyo contexto surgen esos paisajes culturales extremos.

 Tierra del Fuego, confín meridional de la ecúmene, se inscribe en el esfuerzo intelectual que realiza occidente configurar un nuevo mundo, que emerge a partir del viaje ultramarino. Se constituye como pieza fundamental, al definir los límites y contornos de una realidad geográfica y cultural que en su momento se asimila como una quinta parte del mundo, rompiendo con siglos de un mundo conceptualizado como tripartito, graficado espléndidamente en los mapas T-O (2).

Tierra de Fuego asume, como último estadio de un pensamiento –y de un imaginario–, un rol fundamental al constituirse en el “fin del mundo” absoluto, en los confines del sur, de las antípodas, en la tierra habitada más austral del orbe. Soler, en El Nudo y la Esfera, (3) plantea que el viaje oceánico interviene en la reactualización de un nuevo escenario geográfico con el surgimiento de una nueva sensibilidad y pensamiento renacentista –que incluye una reformulación cosmológica–, transformando radicalmente la imago mundi.

En este sentido, cuando Hernando de Magallanes entra por la boca oriental del Estrecho, (4) contempla por vez primera los deslindes del fin del mundo e intuye, por fin, el ansiado Paso del Sur, tramo fundamental para demostrar la esfericidad de la tierra, completando, de este modo, el viaje armilar. Y es en este escenario que Tierra del Fuego se inscribe como lo extremo. La hazaña documentada por Di Pigafetta (5) inaugura una nueva dimensión del orbe, y así “cuando se cree haber descubierto la esfericidad de la Tierra, el viaje máximo, o pleno, será el viaje de circunvalación, el periplo o revolución máxima”. (6) A su vez y necesariamente aparece “el concepto geométrico del círculo máximo, que divide la esfera en dos hemisferios y define así el mayor círculo que cualquier viaje podía aspirar a realizar”. (7)

 Este capítulo será publicado en toda su extensión por Ediciones ARQ en el libro “Tierra del Fuego. Historia, arquitectura y territorio” (septiembre 2013).

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1) Franz Kroeger Claussen franz.kroeger@gmail.com es Geógrafo PUC, DEA en Urbanismo y Ordenación del Territorio UPC. Ha participado en la elaboración de Instrumentos de Planificación Territorial como el Plan Regulador Intercomunal del Alto Aconcagua y en el desarrollo de la cartografía del proyecto Fondecyt “Las formas de ocupación del territorio en Tierra del Fuego”.
2) Hasta los descubrimientos del Nuevo Mundo, la idea tradicional del mundo se conceptualizaba como tripartito constituido por Europa, Asia y África, rodeados los tres por un gran océano. Con el descubrimiento de América esta idea fue actualizada y se incorporó estas nuevas tierras continentales como una cuarta parte del mundo. Siguiendo este razonamiento, Tierra del Fuego, que se creía unida a un gran continente austral, fue asimilada, por lo tanto, como una quinta parte del mundo.
3) Isabel Soler. El nudo y la esfera: El navegante como artífice del mundo moderno.
4) El 21 de octubre de 1520 se descubrió un cabo detrás del cual se divisaba una gran entrada de mar. Al cabo lo bautizó como de las Once mil Vírgenes. El 1 de noviembre de 1520, luego de explorar la entrada de mar, Magallanes entró al estrecho al que llamó de Todos los Santos.
5) Pigafetta, Antonio Di: op. cit.
6) Bueno, Gustavo: Homo Viator. El viaje y el camino.
7) Camprubí, Lino: Viaje alrededor del imperio: rutas oceánicas, la esfera y los orígenes atlánticos de la revolución científica.

Escrito por: admin 12-21-12

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